El concepto de movilidad educativa no es nuevo, ya que se remonta a la aparición de las primeras universidades europeas, cuando estudiantes y maestros se trasladaban libremente de un país a otro. Desde entonces, la organización de la instrucción en las universidades ha tenido un carácter global o transnacional (Caputo, 1988, Lapiner, 1994).
La movilidad puede ubicarse en dos niveles: académico y estudiantil. En la movilidad académica los profesores e investigadores realizan estudios de posgrado, estancias y cursos cortos, prácticas de laboratorio e investigaciones conjuntas en la modalidad de año sabático, periodo intersemestral o en estancias cortas. En la movilidad estudiantil, los estudiantes de licenciatura y posgrado realizan prácticas, cursos cortos y visitas académicas fuera de su institución (Convenio General de Cooperación, 1997). Debe destacarse que la movilidad no implica necesariamente una acción recíproca.
5.1. MOVILIDAD EDUCATIVA EN ESPAÑA
En la indagación empírica sobre los procesos de movilidad educativa se han aplicado tres aproximaciones metodológicas diferentes sobre datos del Panel de Hogares de la Unión Europea, para el total de España y también desagregando por Comunidades Autónomas. Nuestro grupo de estudio es el de la población española que en el año 2000 tenía entre 25 y 35 años. Presentaremos a continuación los principales resultados obtenidos a partir del análisis de correlación. Como variable para medir el nivel educativo hemos utilizado los años de escolarización recibidos, tanto para el caso de los padres/madres como de los hijos/hijas.
La primera pregunta que debemos responder es la de si se verifica una relación significativa entre el nivel educativo de los padres y el que alcanzan sus hijos e hijas. Como se observa en cuadro 2.1, los resultados de la primera aproximación, el análisis de correlación, permiten dar a este interrogante una positiva. Pero observamos también que el fenómeno presenta variación según se trate de los hijos o de las hijas. El nivel educativo alcanzado por las hijas aparece correlacionado en igual medida con el nivel educativo del padre y el de la madre, mientras que en el caso de los hijos se observa una influencia mayor del nivel educativo del padre.
¿Qué sucede si en lugar de considerar los casos para el total de España diferenciamos según Comunidad Autónoma de residencia? La información sintetizada en los gráfico 2.1 y 2.2 pone de manifiesto claras diferencias.
Respecto de la correlación entre el nivel educativo de los padres y el que alcanzan los hijos e hijas cinco Comunidades Autónomas presentan una correlación más acentuada, por encima del valor medio (que es de 0,49): La Rioja, Islas Baleares, Extremadura, Asturias y Castilla y León. En cambio, si consideramos la influencia que ejerce el nivel educativo de las madres vemos que ésta es un poco menos acentuada (el valor medio es de 0,44, y lo encontramos en Asturias, País Vasco y Castilla y León), y que seis Comunidades Autónomas presentan valores por encima de la media: Cantabria, La Rioja, Andalucía, Galicia, Extremadura y Madrid.
Profundizaremos estos primeros hallazgos sobre los procesos de movilidad educativa en España aplicando la segunda de las aproximaciones que hemos mencionado, las matrices de transición. La aplicación de esta técnica se realiza utilizando una matriz cuadrada (con el mismo número de filas y de columnas) donde cada elemento representa la probabilidad de que un individuo acceda a un cierto nivel educativo de acuerdo con el nivel educativo al que pertenece su progenitor. La matriz se genera mediante un modelo probit ordenado. Su interpretación es relativamente sencilla: los valores van de cero (probabilidad nula de que alcance el nivel educativo) a uno (probabilidad absoluta de que alcance dicho nivel educativo). En nuestro caso hemos utilizado como variable dependiente el nivel educativo de los hijos y las hijas, las variables independientes son el nivel educativo alcanzado por el padre y la madre, habiendo incluido las edades como variable de control.
En el cuadro 2.2 presentamos, mediante dos matrices superpuestas, la relación entre el nivel educativo del padre y el de la madre con el nivel educativo de los hijos, sin distinción de sexo. Podemos observar dos tendencias muy claras. En primer lugar, las probabilidades que tienen los hijos de alcanzar un nivel educativo más elevado se incrementan a medida que aumenta el nivel educativo de los padres: una persona cuyo padre tenga EGB como máximo nivel educativo tiene una probabilidad del 18,9% de alcanzar el nivel universitario de ciclo largo, mientras que la probabilidad aumenta al 54,7% cuando el padre también tiene ese nivel educativo.
En segundo lugar, advertimos que la educación de la madre tiene una mayor influencia en las probabilidades educativas de los hijos y las hijas que la que tiene la educación del padre. Este efecto diferencial se observa claramente en la columna que señala a los hijos y las hijas que acceden al nivel educativo más elevado, el universitario de ciclo largo, donde para cada nivel educativo de los padres y madres, son las madres las que se asocian con un mayor porcentaje de individuos en este nivel educativo. Por ejemplo, un hijo o hija con una madre con el bachillerato acabado tendría una probabilidad del 37,7% de finalizar el máximo nivel educativo, mientras que ese porcentaje se reduciría al 28,0 % en caso de que sea el padre el que tuviese el bachillerato completo.
Hemos intentado establecer también si existen pautas diferenciales en los procesos de movilidad entre hombres y mujeres. En los siguientes cuadros presentamos la influencia del nivel educativo del padre (cuadro 2.3) y de la madre (cuadro 2.4) sobre las probabilidades de logro educativo de los hijos y de las hijas.
Si tomamos como referencia el nivel educativo del padre, observamos mejores probabilidades de logro educativo para las hijas que para los hijos, en todos los niveles educativos. Las divergencias más notables se producen en los niveles universitarios, especialmente en el ciclo largo, donde tienen probabilidad de alcanzarlo el 66,8% de las mujeres y el 44,9% para los hombres cuyo padre tienen ese nivel educativo. Comprobamos entonces que el proceso de movilidad educativa ascendente es superior en la relación padre-hijas. Si tomamos el nivel educativo de la madre como referencia, vemos que las probabilidades aumentan tanto para los hijos como para las hijas. Pero también detectamos una diferencia más marcada en favor de las mujeres: por ejemplo, los hijos cuya madre tiene el máximo nivel educativo tienen una probabilidad del 51% de alcanzar el mismo logro, mientras que en el caso de las hijas la probabilidad sube al 85,7%.
Para concluir la presentación de nuestra revisión de los procesos de movilidad educativa en España, mencionaremos los resultados que se han obtenido en los análisis de regresión. Hemos aplicado dos modelos. En el primero de ellos empleamos una regresión lineal, utilizando como variable dependiente la cantidad de años de escolarización de los hijos e hijas y como variables independientes, el nivel educativo alcanzado por el padre y por la madre, incorporando también sus edades como variables de control. Los resultados indican que la educación de los progenitores influye en el logro educativo de sus descendientes, al resultar significativas todas las variables referidas al nivel educativo de los padres y las madres, como se observa en el cuadro 2.5. Se observa también un mayor impacto de la educación de los padres en sus hijos y de la educación de las madres en sus hijas.
Con la intención de efectuar otra aproximación al grado de movilidad educativa realizamos una segunda regresión, utilizando los años de educación de los hijos e hijas como variable dependiente y como variable independiente los años de educación de los padres y madres, con las edades como variables de control. Los resultados de esta aproximación, presentados en el cuadro 2.6, muestran una alta movilidad educativa, similar a la registrada en Sánchez (2004). El nivel educativo de los padres y las madres influye positivamente en los años de educación de sus hijos e hijas. Además, este efecto se encuentra relacionado con el género, puesto que el impacto de la educación de los padres es mayor en los hijos y la educación de la madre influye más en la educación de las hijas. La interpretación de los coeficientes indica que, para el caso padres - hijos, un incremento de un 1% en los años de educación del padre incrementa, en promedio, en un 0,14% los años de educación de los hijos.
Podemos concluir, en función de los resultados de los tres análisis realizados, que España se revela como un país con una importante movilidad educativa ascendente pero todavía con fuertes desigualdades en la distribución de las oportunidades: las probabilidades de alcanzar un nivel educativo elevado dependen en buena medida de que los padres hayan alcanzado también un nivel educativo similar.
El concepto de movilidad educativa no es nuevo, ya que se remonta a la aparición de las primeras universidades europeas, cuando estudiantes y maestros se trasladaban libremente de un país a otro. Desde entonces, la organización de la instrucción en las universidades ha tenido un carácter global o transnacional (Caputo, 1988, Lapiner, 1994).
La movilidad puede ubicarse en dos niveles: académico y estudiantil. En la movilidad académica los profesores e investigadores realizan estudios de posgrado, estancias y cursos cortos, prácticas de laboratorio e investigaciones conjuntas en la modalidad de año sabático, periodo intersemestral o en estancias cortas. En la movilidad estudiantil, los estudiantes de licenciatura y posgrado realizan prácticas, cursos cortos y visitas académicas fuera de su institución (Convenio General de Cooperación, 1997). Debe destacarse que la movilidad no implica necesariamente una acción recíproca.
5.1. MOVILIDAD EDUCATIVA EN ESPAÑA
En la indagación empírica sobre los procesos de movilidad educativa se han aplicado tres aproximaciones metodológicas diferentes sobre datos del Panel de Hogares de la Unión Europea, para el total de España y también desagregando por Comunidades Autónomas. Nuestro grupo de estudio es el de la población española que en el año 2000 tenía entre 25 y 35 años. Presentaremos a continuación los principales resultados obtenidos a partir del análisis de correlación. Como variable para medir el nivel educativo hemos utilizado los años de escolarización recibidos, tanto para el caso de los padres/madres como de los hijos/hijas.
La primera pregunta que debemos responder es la de si se verifica una relación significativa entre el nivel educativo de los padres y el que alcanzan sus hijos e hijas. Como se observa en cuadro 2.1, los resultados de la primera aproximación, el análisis de correlación, permiten dar a este interrogante una positiva. Pero observamos también que el fenómeno presenta variación según se trate de los hijos o de las hijas. El nivel educativo alcanzado por las hijas aparece correlacionado en igual medida con el nivel educativo del padre y el de la madre, mientras que en el caso de los hijos se observa una influencia mayor del nivel educativo del padre.
¿Qué sucede si en lugar de considerar los casos para el total de España diferenciamos según Comunidad Autónoma de residencia? La información sintetizada en los gráfico 2.1 y 2.2 pone de manifiesto claras diferencias.
Respecto de la correlación entre el nivel educativo de los padres y el que alcanzan los hijos e hijas cinco Comunidades Autónomas presentan una correlación más acentuada, por encima del valor medio (que es de 0,49): La Rioja, Islas Baleares, Extremadura, Asturias y Castilla y León. En cambio, si consideramos la influencia que ejerce el nivel educativo de las madres vemos que ésta es un poco menos acentuada (el valor medio es de 0,44, y lo encontramos en Asturias, País Vasco y Castilla y León), y que seis Comunidades Autónomas presentan valores por encima de la media: Cantabria, La Rioja, Andalucía, Galicia, Extremadura y Madrid.
Profundizaremos estos primeros hallazgos sobre los procesos de movilidad educativa en España aplicando la segunda de las aproximaciones que hemos mencionado, las matrices de transición. La aplicación de esta técnica se realiza utilizando una matriz cuadrada (con el mismo número de filas y de columnas) donde cada elemento representa la probabilidad de que un individuo acceda a un cierto nivel educativo de acuerdo con el nivel educativo al que pertenece su progenitor. La matriz se genera mediante un modelo probit ordenado. Su interpretación es relativamente sencilla: los valores van de cero (probabilidad nula de que alcance el nivel educativo) a uno (probabilidad absoluta de que alcance dicho nivel educativo). En nuestro caso hemos utilizado como variable dependiente el nivel educativo de los hijos y las hijas, las variables independientes son el nivel educativo alcanzado por el padre y la madre, habiendo incluido las edades como variable de control.
En el cuadro 2.2 presentamos, mediante dos matrices superpuestas, la relación entre el nivel educativo del padre y el de la madre con el nivel educativo de los hijos, sin distinción de sexo. Podemos observar dos tendencias muy claras. En primer lugar, las probabilidades que tienen los hijos de alcanzar un nivel educativo más elevado se incrementan a medida que aumenta el nivel educativo de los padres: una persona cuyo padre tenga EGB como máximo nivel educativo tiene una probabilidad del 18,9% de alcanzar el nivel universitario de ciclo largo, mientras que la probabilidad aumenta al 54,7% cuando el padre también tiene ese nivel educativo.
En segundo lugar, advertimos que la educación de la madre tiene una mayor influencia en las probabilidades educativas de los hijos y las hijas que la que tiene la educación del padre. Este efecto diferencial se observa claramente en la columna que señala a los hijos y las hijas que acceden al nivel educativo más elevado, el universitario de ciclo largo, donde para cada nivel educativo de los padres y madres, son las madres las que se asocian con un mayor porcentaje de individuos en este nivel educativo. Por ejemplo, un hijo o hija con una madre con el bachillerato acabado tendría una probabilidad del 37,7% de finalizar el máximo nivel educativo, mientras que ese porcentaje se reduciría al 28,0 % en caso de que sea el padre el que tuviese el bachillerato completo.
Hemos intentado establecer también si existen pautas diferenciales en los procesos de movilidad entre hombres y mujeres. En los siguientes cuadros presentamos la influencia del nivel educativo del padre (cuadro 2.3) y de la madre (cuadro 2.4) sobre las probabilidades de logro educativo de los hijos y de las hijas.
Si tomamos como referencia el nivel educativo del padre, observamos mejores probabilidades de logro educativo para las hijas que para los hijos, en todos los niveles educativos. Las divergencias más notables se producen en los niveles universitarios, especialmente en el ciclo largo, donde tienen probabilidad de alcanzarlo el 66,8% de las mujeres y el 44,9% para los hombres cuyo padre tienen ese nivel educativo. Comprobamos entonces que el proceso de movilidad educativa ascendente es superior en la relación padre-hijas. Si tomamos el nivel educativo de la madre como referencia, vemos que las probabilidades aumentan tanto para los hijos como para las hijas. Pero también detectamos una diferencia más marcada en favor de las mujeres: por ejemplo, los hijos cuya madre tiene el máximo nivel educativo tienen una probabilidad del 51% de alcanzar el mismo logro, mientras que en el caso de las hijas la probabilidad sube al 85,7%.
Para concluir la presentación de nuestra revisión de los procesos de movilidad educativa en España, mencionaremos los resultados que se han obtenido en los análisis de regresión. Hemos aplicado dos modelos. En el primero de ellos empleamos una regresión lineal, utilizando como variable dependiente la cantidad de años de escolarización de los hijos e hijas y como variables independientes, el nivel educativo alcanzado por el padre y por la madre, incorporando también sus edades como variables de control. Los resultados indican que la educación de los progenitores influye en el logro educativo de sus descendientes, al resultar significativas todas las variables referidas al nivel educativo de los padres y las madres, como se observa en el cuadro 2.5. Se observa también un mayor impacto de la educación de los padres en sus hijos y de la educación de las madres en sus hijas.
Con la intención de efectuar otra aproximación al grado de movilidad educativa realizamos una segunda regresión, utilizando los años de educación de los hijos e hijas como variable dependiente y como variable independiente los años de educación de los padres y madres, con las edades como variables de control. Los resultados de esta aproximación, presentados en el cuadro 2.6, muestran una alta movilidad educativa, similar a la registrada en Sánchez (2004). El nivel educativo de los padres y las madres influye positivamente en los años de educación de sus hijos e hijas. Además, este efecto se encuentra relacionado con el género, puesto que el impacto de la educación de los padres es mayor en los hijos y la educación de la madre influye más en la educación de las hijas. La interpretación de los coeficientes indica que, para el caso padres - hijos, un incremento de un 1% en los años de educación del padre incrementa, en promedio, en un 0,14% los años de educación de los hijos.
Podemos concluir, en función de los resultados de los tres análisis realizados, que España se revela como un país con una importante movilidad educativa ascendente pero todavía con fuertes desigualdades en la distribución de las oportunidades: las probabilidades de alcanzar un nivel educativo elevado dependen en buena medida de que los padres hayan alcanzado también un nivel educativo similar.